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D. José Zerpa Suárez nació en Arguineguín en enero de 1900 en el seno de una humilde familia. A los dos años de edad sufrió una enfermedad que le dejó parcialmente discapacitado físicamente de una pierna. Por esta razón, su padre se preocupó de que estudiara, pues era consciente de que este hijo nunca podría desempeñar los trabajos rudos habituales de la época. Por tanto, estudió y se hizo maestro de escuela.

Tras alguna experiencia laboral, en 1930 se estableció en Vecindario con su familia (señora y tres hijos), afincándose definitivamente al año siguiente en su casa -la primera de mampostería construida en esta localidad con la ayuda de su padre- (según declaraciones del propio José Zerpa en LA PROVINCIA, del 22 de octubre de 1983). Esta vivienda se corresponde con la ubicada en la actual Avenida de Canarias, numero 166, convirtiéndose, de esta manera, en el primer vecino con residencia permanente en Vecindario, según sus mismas palabras.

No olvidemos que esta ciudad de hoy, en aquellos años, era un extenso llano deshabitado, árido, seco y ventoso, donde lo único que había eran plantaciones de tomateros. Los trabajadores procedían de otras zonas de la isla y, mientras duraba la zafra, vivían en chozas de madera y piedra seca. Luego, al terminar la misma, regresaban a sus pueblos de origen y, así, hasta la zafra siguiente.

JOSÉ ZERPA reconvirtió en aula un pequeño salón de su casa. Allí impartía sus clases desde las primeras horas de la tarde hasta la medianoche a niños y jóvenes que nunca habían pisado una escuela. Sus alumnos procedían de familias que trabajaban en las distintas fincas de tomateros de esta zona: de Yeoward, los Betancores, Verdugo, Casa Santa, El Rayón, y de otros lugares, como Barranco de Balos, Paredilla, Doctoral o Llanos Prieto. Además, ejerció como asesor y consejero personal de las familias, ya que ante el analfabetismo generalizado de la clase trabajadora, nadie hacia nada sin consultarle previamente sobre cualquier asunto burocrático o de carácter legal.

Pero, no solo atendió a los niños y a sus padres, sino que también se preocupó por el entorno social y la calidad de vida de aquel incipiente núcleo poblacional que crecía con la misma fuerza que los torbellinos, que cual tornado emergían frecuentemente bajo los pies de los nobles y rudos aparceros con la inestimable e imprescindible colaboración de los alisios.

Podemos reseñar, por ejemplo, que fue el promotor de la instalación del agua corriente y del alumbrado eléctrico en Vecindario, fue delegado de abastos en los años negros de la cartilla de racionamiento, tras la Guerra Civil; instaló la primera gasolinera y la primera estafeta de Correos en su casa con el nombre Villa Zerpa; se convirtió en el primer comerciante y en el primer corresponsal de prensa; introdujo el cine en Vecindario, proyectando películas de cine mudo en su misma casa, donde, además, organizaba bailes celebrando el final de la zafra e, incluso, las primeras misas en esta localidad se oficiaron en su propia vivienda, preocupándose por traer -cada año- a un sacerdote que preparara a los niños y niñas para recibir los sacramentos de la Comunión y de la Confirmación. Era, por tanto, una persona conocida y muy querida por el pueblo de Vecindario.

Pues bien, después de haber ejercido su magisterio durante 45 largos años (ejerció también como maestro en Agüimes, Piletas, Cruce de Arinaga, Doctoral, etc.), en 1971 le llegó la edad de la jubilación. Mantuvo una excelente lucidez mental hasta el final de sus días. Sin embargo, a pesar de su brillante, pionera y solidaria biografía, murió pobre sin haber percibido ninguna pensión de jubilación y casi olvidado en su propia casa de Vecindario -la misma que había construido 55 años atrás- en junio de 1985.

Vecindario (Santa Lucia), Diciembre de 2001
Fernando T. Romero Romero